El avance de la inteligencia artificial (IA) transformará de manera profunda el mercado laboral global hacia 2030, según proyecciones del Foro Económico Mundial (FEM). Lejos de tratarse de cambios marginales, los organismos internacionales anticipan un proceso de destrucción y creación masiva de empleos, acompañado por una reconversión sin precedentes de las habilidades de los trabajadores.

De acuerdo con estimaciones citadas en el análisis, la expansión de la IA podría generar alrededor de 150 millones de nuevos puestos de trabajo en el mundo, pero al mismo tiempo provocar la pérdida de unos 90 millones de empleos actuales. Este reordenamiento impactará directamente en la estructura productiva y en el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) global, que organismos como el Fondo Monetario Internacional consideran cada vez más vinculado al desarrollo tecnológico.

Uno de los datos más relevantes es que más del 50% de los trabajadores deberá modificar o actualizar sus competencias para adaptarse a los cambios impulsados por la automatización y los sistemas inteligentes. La reconversión laboral, conocida como reskilling, aparece así como un factor central para evitar un aumento del desempleo estructural y de la desigualdad.

En este contexto, el FEM elaboró cuatro escenarios posibles para el futuro del trabajo, construidos a partir de dos variables clave: la velocidad del progreso tecnológico y la capacidad de adaptación de la fuerza laboral. Cuando ambas avanzan de manera rápida y coordinada, se configura un escenario positivo de crecimiento acelerado y mayor productividad.

De manera sintética, los escenarios son: un progreso acelerado con alta adaptación de los trabajadores, que impulsa el crecimiento económico; una adopción tecnológica abrupta sin reconversión suficiente, que provoca desplazamiento laboral; un avance incremental que permite una adaptación gradual y resultados mayormente positivos; y un escenario de estancamiento tecnológico y baja adaptación, considerado el más negativo por su impacto en el empleo y la economía.

Sin embargo, también se proyectan riesgos importantes si la incorporación de la IA no va acompañada de políticas públicas activas. La falta de capacitación y de infraestructura digital podría profundizar las desigualdades existentes y dejar a amplios sectores fuera del nuevo mercado laboral.

Frente a este panorama, el rol del Estado resulta determinante. La experiencia internacional sugiere que solo con gobiernos activos, capaces de reducir brechas educativas y digitales, será posible orientar la transición hacia escenarios positivos, especialmente en países con altos niveles de informalidad laboral, como la Argentina. 

La información surge de la columna de Sebastián Di Domenica en Canal E: 




Nota realizada con asistencia de IA