El mundial de fútbol no solo trajo goles y polémicas arbitrales, sino también un debate social inesperado: el uso de la inteligencia artificial para resucitar digitalmente a figuras históricas con fines comerciales. El detonante fue un anuncio de una casa de apuestas, que recreó a un Diego Maradona joven, con su voz y aspecto de los años 80, para una publicidad de apuestas deportivas que se emite durante las pausas de hidratación de los partidos. La pieza ha generado muchas críticas entre los argentinos y también entre seguidores del jugador en diferentes latitudes del mundo.
El núcleo de la controversia no es solo el uso de la imagen del ídolo, fallecido en 2020, sino el mensaje que presenta. Maradona durante su vida luchó contra las adicciones y criticó abiertamente el juego y sus consecuencias. La distancia entre sus opiniones en vida y el propósito del anuncio profundiza la polémica, especialmente en un país donde el 10 sigue siendo un símbolo de rebeldía contra el sistema.
La recreación técnica es impecable: la IA logró clonar su voz, gestos y hasta el tono desafiante que lo caracterizaba. Sin embargo, el perfeccionismo tecnológico no disimula el conflicto. Según se hizo público en algunos medios, tres de los cinco hijos de Maradona autorizaron el uso de su imagen, lo que legalmente ampara la campaña, pero no resuelve el dilema moral. ¿Hasta qué punto los herederos pueden decidir qué dice o promueve una persona fallecida? La pregunta trasciende el caso y expone los límites difusos entre el derecho comercial y el respeto a la memoria.
El vacío legal es otro de los ejes del debate. En Argentina, como en la mayoría de los países, no existe una normativa específica que regule los clones digitales de personas fallecidas. Las leyes actuales -derecho a la imagen, copyright o consentimiento familiar- fueron diseñadas para un mundo analógico y hoy resultan insuficientes. El problema ya no es solo usar material de archivo, sino hacer que una persona fallecida 'diga o piense' cosas sobre realidades que desconoció, como las apuestas en línea o el auge de la IA. Expertos advierten que el marco jurídico actual responde a un problema nuevo con herramientas heredadas, lo que genera incertidumbre y riesgos de explotación.
Este no es un caso aislado. En un país de Europa del Este, un periódico continuó publicando críticas de arte con la firma de un autor fallecido, imitando su estilo, con el aval de su familia. En el ámbito del espectáculo, el holograma de Gustavo Cerati en el show *Ecos* llenó estadios sin mayor cuestionamiento, y eso demuestra que la aceptación social depende del contexto. Sin embargo, cuando el fin es comercial -y más aún si promueve actividades controvertidas como el juego-, la tolerancia se podría transformar en rechazo.
El fenómeno también reavivó el debate sobre la relación entre el deporte y las casas de apuestas. En los últimos años, la presencia de estas plataformas en el fútbol creció de manera exponencial, y se normalizó su asociación con figuras públicas. Organizaciones que luchan contra la ludopatía advierten sobre el impacto en los jóvenes, un grupo especialmente vulnerable a este tipo de mensajes, donde el carisma de un ídolo puede nublar los riesgos del juego.
Más allá de las críticas, el episodio pone en evidencia un desafío global: la alfabetización digital. A medida que la IA avanza, será cada vez más difícil para el ojo humano distinguir entre lo real y lo generado artificialmente. Especialistas insisten en la necesidad de educar a la población para que entienda que los videos o imágenes que consumirá podrían no ser auténticos. La tecnología ya permite manipular la realidad con una precisión muy alta, y sin herramientas para identificarlo, el público queda expuesto a manipulaciones o, en el mejor de los casos, a la confusión.
La polémica por el Maradona digital es, en definitiva, un espejo de los tiempos que corren: una era donde las leyes avanzan más lento que la tecnología, y donde el respeto por la memoria de los fallecidos choca con otros intereses. Mientras las leyes intentan ponerse al día, la sociedad ya debate si hay líneas que, incluso con autorización familiar, no deberían cruzarse. El caso deja claro que, más allá de los avances técnicos, el verdadero desafío es encontrar un equilibrio entre la innovación y los valores que, como sociedad, decidamos preservar.
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*Fuente: Análisis basado en la columna de Sebastián Di Domenica en diálogo con Darío Villarruel y Silvia Moscoso en AM 770.*
[Video de referencia](https://youtu.be/X6kO60FtEX0?si=3Ba2C6-kaIa7ET8y)
