La 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas ha puesto sobre la mesa un debate urgente: la necesidad de regular la inteligencia artificial (IA) a nivel global. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, impulsó la creación de un organismo internacional que supervise los riesgos asociados a esta tecnología, especialmente en el uso militar y para limitar un potencial peligro de pérdida de control. Guterres subrayó que la gobernanza global y la supervisión independiente son esenciales para evitar consecuencias catastróficas, un llamado que resonó entre los líderes europeos y más de 20 países que firmaron declaraciones en favor de marcos regulatorios claros.

Emmanuel Macron, presidente de Francia, y Alexander Stubb, de Finlandia, se sumaron a este coro de voces que exigen seguridad y normas internacionales. Sin embargo, la postura de las dos mayores potencias tecnológicas del mundo, Estados Unidos y China, sigue siendo un obstáculo. Donald Trump, en representación de EE.UU., ha dejado claro que su país prefiere autocontrolarse a través de sus propias agencias, como el Departamento de Justicia, y rechaza regulaciones externas. Su argumento es que cualquier intervención internacional podría debilitar la competitividad estadounidense frente a China, su principal rival en la carrera tecnológica.

China, por su parte, no se ha adherido a las declaraciones globales de regulación, aunque su líder, Xi Jinping, ha insistido en que el desarrollo de la IA debe permanecer bajo control humano y servir al bienestar de las personas. Xi destacó la responsabilidad de ambas potencias en garantizar un desarrollo seguro, aunque su postura choca con la de Trump, quien ha calificado de "engaño" las advertencias sobre los riesgos de la IA y ha rechazado la idea de que esta tecnología pueda dominar el mundo o destruir a la humanidad.

El sector privado, consciente de los riesgos, ha elevado su voz. Figuras como Sam Altman, de OpenAI, y Dario Amodei, de Anthropic, han abogado ante el Consejo de Seguridad de la ONU por la implementación de medidas de seguridad. Estos líderes de la industria tecnológica han subrayado la importancia de incluir a investigadores y desarrolladores de IA en los debates normativos, con el objetivo de establecer límites claros que protejan la privacidad y eviten usos malintencionados.

El contraste entre las posturas es evidente: mientras Europa y otros países buscan acuerdos globales, EE.UU. y China priorizan sus intereses nacionales. Trump ha reiterado que su administración no tiene intención de regular la IA, a la que él prefiere llamar "Super Inteligencia", y ha afirmado que quiere dejar el tema "exactamente donde está". Esta postura ha generado tensiones, especialmente cuando expertos y empresarios tecnológicos insisten en la necesidad de un marco normativo que evite riesgos sistémicos.

La cumbre bilateral entre Trump y Xi Jinping, celebrada el 24 de septiembre de 2026 en la Casa Blanca, reflejó estas diferencias. Aunque ambos líderes reconocieron la importancia de la comunicación bilateral en materia de IA, sus visiones siguen siendo opuestas. Trump incluyó la seguridad, la tecnología y la superinteligencia en la agenda, pero mantuvo su escepticismo hacia la regulación internacional. Xi, en cambio, insistió en la necesidad de un control humano sobre la tecnología, aunque no se avanzó en acuerdos concretos. Ambos coincidieron en la importancia de mantener canales de comunicación abiertos para gestionar riesgos como fallas en sistemas o ciberataques.

El debate en la ONU ha dejado en claro que, sin un consenso entre las grandes potencias, la regulación global de la IA seguirá como un desafío. Mientras tanto, el mundo observará cómo evoluciona esta "Guerra Fría digital", donde el control de la tecnología podría definir el equilibrio de poder en las próximas décadas.

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*Nota basada en la columna de Sebastián Di Domenica. Más información en: [Video de referencia](https://youtu.be/y8T6GtugfW4?si=6xtg_iq3TJUsCaP1).*