Brasil vota este domingo 4 de octubre en la primera vuelta de sus elecciones generales, en las que se renuevan la Presidencia, el Congreso y las gobernaciones. Será la primera contienda desde que las herramientas de inteligencia artificial se popularizaron lo suficiente como para fabricar videos, imágenes y audios hiperrealistas de figuras públicas, y por eso el Tribunal Superior Electoral (TSE) armó el marco regulatorio más estricto que un comicio latinoamericano haya aplicado hasta ahora a los contenidos sintéticos. A tres días de los comicios, la pregunta que todos se hacen especialistas es si esas medidas alcanzan para proteger la integridad del voto.
El diagnóstico sobre la magnitud del fenómeno plantea grandes interrogantes. Los diferentes relevamientos sostienen que los videos falsos generados con IA y la información de baja calidad desplazaron a las noticias falsas tradicionales como principal amenaza digital a las elecciones y a la democracia, y advierten que la desinformación circula cada vez más por redes cerradas como WhatsApp y de manera simultánea en varias plataformas. El Observatorio IA nas Eleições identificó 413 contenidos con IA entre el 1.º de enero y el 15 de agosto, de los cuales el 68% eran videos, el 30% imágenes y cerca del 2% audios; el 81% involucró manipulación de la imagen o la voz de personas públicas y casi dos de cada tres no informaban que habían sido generados o alterados artificialmente.
La respuesta institucional se construyó por capas. Desde marzo, la propaganda electoral que use textos, imágenes, audios o videos creados o editados con IA debe informarlo de manera explícita, destacada y accesible, y quedaron prohibidos los deepfakes utilizados para favorecer o perjudicar candidaturas. A comienzos de septiembre, el TSE precisó qué se entenderá por deepfake electoral, el contenido sintético con suficiente realismo como para crear, reproducir o alterar la imagen, la voz o el discurso de una persona, en un fallo que llegó tras la polémica por el video con IA del expresidente Jair Bolsonaro.
La medida más drástica entrará en vigencia en las próximas horas. Desde las 72 horas previas al comicio y hasta las 24 horas posteriores rige una prohibición total de publicar, republicar o impulsar de manera paga nuevos contenidos generados con IA que modifiquen la imagen, la voz o las manifestaciones de candidatos o personas públicas. Durante ese período no basta con etiquetar el material como sintético: directamente no puede circular. El objetivo es evitar que un video falso produzca su daño en el momento en que ya no queda tiempo material para desmentirlo.
La otra pata del esquema es la responsabilidad de las plataformas. Meta, Google y el resto de las grandes compañías están obligadas a retirar los contenidos prohibidos y a aplicar sanciones o cierres a las cuentas que violen la norma, y nueve plataformas, entre ellas Google, Meta, OpenAI, Telegram, TikTok y X, presentaron ante la Justicia Electoral planes de cumplimiento que incluyen mecanismos de remoción, suspensión de cuentas y aporte de información. El sistema institucional se completa con el Siade, que recibe alertas sobre desinformación electoral, el CIEDDE, que articula la respuesta entre distintas instituciones, y un acuerdo del propio TSE con la empresa ElevenLabs para impedir la clonación de voces.
Las estrategias de desinformación ya están en plena acción. La modalidad más frecuente es la manipulación de rostro y voz de dirigentes para hacerlos decir lo que nunca dijeron, seguida por la fabricación de videos con apariencia periodística (supuestos noticieros, declaraciones inventadas y hasta encuestas falsas), un formato del que la agencia de verificación Lupa detectó 86 piezas en TikTok con 1,47 millón de visualizaciones. De los 413 casos relevados, alrededor del 60% fue clasificado como sátira y el 40% como desinformación, e Instagram concentró 208 de los episodios monitoreados, en un esquema de producción coordinada que nace en una plataforma y termina circulando simultáneamente en varias. También aparecieron deepfakes de famosos: videos manipulados del músico Caetano Veloso y del futbolista Neymar, que nunca dijeron lo que se les hizo decir, buscan generar la falsa impresión de que una determinada opinión política es un consenso compartido por figuras en las que el elector confía.
A pocos días del cierre de campaña se abrió, además, un frente inédito: los chatbots. Una investigación reciente constató que sistemas como Claude, DeepSeek y Gemini llegaron a entregar rankings de candidatos pese a que las reglas del TSE prohíben que los servicios de IA recomienden candidaturas. El fenómeno se agrava por el nivel de exposición de la población: una encuesta difundida este año en Brasil indica que el 80% de los internautas ya se cruzó con deepfakes, por encima del promedio mundial, que ronda el 60%. (Alerta Nas Eleições)
¿Funcionaron, entonces, las medidas? Brasil llega a las urnas con el andamiaje antidesinformación más completo de la región: etiquetado obligatorio, prohibición de deepfakes partidarios, una ventana de silencio digital de 96 horas, planes de cumplimiento firmados por las nueve grandes plataformas y un sistema institucional de detección y respuesta. Pero el volumen de contenidos sintéticos sin etiqueta detectado durante la campaña muestra los límites de la regulación frente a la velocidad de la viralización, y la eficacia real del esquema terminará dependiendo de la cooperación efectiva de las tecnológicas, más que de la letra de las resoluciones. En el plano político, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se ha posicionado a escala regional como un promotor activo de la regulación de la IA, en contraste con la desregulación que impulsa la administración de Donald Trump, y la experiencia brasileña será observada como un laboratorio por el resto de América Latina. La respuesta definitiva, en todo caso, sólo podrá medirse después del domingo, cuando se sepa cuántos contenidos lograron colarse en la ventana decisiva del silencio digital.
Esta nota se elaboró sobre la base del análisis de Sebastián Di Domenica, especialista en inteligencia artificial:
