La inteligencia artificial se consolidó como una de las mayores preocupaciones para la integridad de los procesos democráticos del siglo XXI. El 2026 con elecciones en Brasil, EEUU e Israel expone cómo la IA generativa puede automatizar, escalar y sofisticar la manipulación informativa como nunca antes. Es una amenaza real y creciente: videos deepfakes creados con IA, encuestas inventadas, granjas de bots o influencers políticos artificiales son solo algunos ejemplos, que sin dudas anticipan lo que podría verse en Argentina en las elecciones presidenciales de 2027.

La primera de las cuatro modalidades más peligrosas son los deepfakes: audios y videos hiperrealistas que atribuyen a candidatos declaraciones o acciones que jamás ocurrieron, con el objetivo de dañar su imagen días antes de una elección. En Argentina en 2025 circularon videos falsos de referentes políticos de todos los sectores, y en Estados Unidos en 2024 miles de votantes de New Hampshire recibieron llamadas con una voz clonada del presidente Joe Biden instándolos a no votar. En Eslovaquia, un audio sintético difundido 48 horas antes de los comicios buscó condicionar el resultado, mientras que en Irlanda un video manipulado mostraba a una candidata anunciando su retiro de la carrera presidencial. Son solo algunos ejemplos.

La segunda vía son las granjas de bots avanzadas: miles de perfiles falsos coordinados que simulan identidades reales para inflar tendencias y fabricar una ilusión de apoyo popular masivo. A diferencia de las redes automatizadas de años anteriores, la IA permite que cada cuenta genere textos propios, con distintos estilos y hasta historias de vida ficticias, lo que dificulta enormemente su detección. Esta técnica no solo amplifica determinados mensajes, sino que también erosiona la confianza en las tendencias de opinión y en la conversación digital como termómetro del electorado.

En tercer lugar aparecen los influencers artificiales: avatares sintéticos con rostro y voz propios que opinan de política, acumulan seguidores y construyen comunidades, muchas veces sin revelar su origen algorítmico. En India, Indonesia y Filipinas ya se utilizaron recreaciones digitales de figuras públicas e incluso de políticos fallecidos para intervenir en campañas. El peligro de estos personajes es que su mensajería se percibe como contenido espontáneo y genuino, cuando en realidad puede responder a intereses políticos o comerciales que permanecen ocultos detrás de la pantalla.

La cuarta, quizás la más silenciosa, son los chatbots de consulta electoral: modelos conversacionales como ChatGPT a los que cada vez más personas acuden para informarse o decidir su voto. Un análisis del Reino Unido estimó que aproximadamente uno de cada ocho votantes recurrió a estos sistemas durante los comicios de 2024. En 2026 los porcentajes han crecido de manera muy significativa. El riesgo reside en su capacidad de persuadir sin transparentar sesgos: estudios europeos detectaron que en muchos casos los chatbots reprodujeron narrativas falsas originadas en operaciones de influencia extranjeras en un porcentaje significativo de las consultas, y así se convierten en un nuevo eslabón del ecosistema de la desinformación.

El denominador común de las cuatro modalidades es que la IA no actúa sola: hay maquinarias, intereses y recursos detrás de cada desarrollo. Ningún algoritmo decide por sí mismo generar un deepfake o coordinar una granja de bots; lo hacen actores políticos, económicos o extranjeros que encuentran en estas herramientas un canal de bajo costo y alto impacto. Por eso, la respuesta no puede ser únicamente tecnológica, sino también jurídica, educativa y ciudadana. Proteger el derecho a recibir información veraz no es un lujo regulatorio: es una condición indispensable para la salud de la democracia, porque un voto libre solo es posible cuando se funda en información verdadera.

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**Fuente:** Esta nota se elaboró con información de la columna de Sebastián Di Domenica en BAE Negocios, disponible en: https://www.baenegocios.com/mundo/uso-de-ia-en-contexto-de-elecciones-peligro-de-deepfakes-y-desinformacion/